EL POEMA QUE ME DESPERTÓ DE MADRUGADA

Ángelita caída

Debiste guardarte un amor que no me correspondía.

Profanaste mi cuerpo con caricias prohibidas,

condenándome, casi de por vida,

a no saber distinguir

entre el amor y tu mentira.

Lola Ruiz

Girona, 22.2.2015

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ADIÓS Y GRACIAS

Gracias por todas las promesas que incumpliste.

Me convertiste en una persona más fuerte el día que te fuíste.

Ya soy capaz de desearte lo mejor, a pesar de mi tristeza,

ya soy capaz de renunciar al falso amor en el que quisiste que creyera.

Gracias por todas las mentiras que me dijiste.

Me convirtieron en una persona más sabia,

que ha aprendido a valorar más los hechos que las palabras.

Gracias por toda la decepción que provocaste.

Me enseñaste que sigo teniendo un corazón que sabe arriesgarse.

No moriré de frustración o por el dolor de este nuevo desengaño.

Si hay algo que sabe hacer mi corazón,

es reponerse cuando le hacen daño.

Gracias, en definitiva, por todas tus enseñanzas,

por mostrarme a la cobardía, batiéndose en retirada.

¿O acaso creías que nunca aprendería,

a alejar de mi lado a las personas que no me aportan nada?

Fuiste mi primer amor, el perfeccionador de mis besos,

fuiste mi primer intento de lograr un amor eterno.

Te esperé casi todos los días, alimentándome de esperanzas…

Tú sabes que yo no me rindo antes de jugar todas mis bazas.

Pero ya no vale la pena suplicar por tus migajas.

Mientras tú no me mirabas, me convertí en una guerrera.

En alguien que ya no se humilla ni acepta amores a medias.

Así que te agradezco que abandones la zona de juego.

Mi partida aún no está cerrada pero necesito compañeros nuevos.

Pues nunca estaré para un nuevo intento, cansada.

Nunca renunciaré a una nueva recompensa de besos.

Nunca me rendiré cuando de un nuevo amor se trate,

nunca me podrán tachar, de ser en eso, cobarde.

Así que Adiós, mi primer amor.

Adiós, mi más larga esperanza.

Adiós, te deseo lo mejor, de corazón.

Adiós… Y nuevamente. ¡Gracias!

 

 Dedicado a   J. B.

Maestro hasta el final

Adiós y gracias (2)

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EL CAMINO A LA ARMONÍA CORPORAL

Déjame preguntarte una cosa. ¿Están entre tus propósitos para Año Nuevo iniciar, una vez más, algún tipo de dieta? Si la respuesta es “Sí”, déjame que te haga un regalo adelantado de Reyes. ¡Olvídalo! En serio, ¡Olvídalo! Si puedo afirmar algo con total rotundidad en esta vida, es que las dietas no funcionan. Si funcionasen, no existirían personas con problemas de obesidad ni existiría todo el mercado que hay montado alrededor de los complejos que un exceso de peso suele propiciar.

Créeme, sé de lo que te hablo. Y yo sería una más de esas personas que para el nuevo año volverían a tener el firme propósito de adelgazar si no hubiese descubierto algo y a alguien. El “algo” es el libro: EL CAMINO HACIA LA ARMONÍA CORPORAL y el “alguien” es su autora: Mentxu DaVinci.

Sin desperdicio. En serio. Y bastante alejado de lo que suele haber en el mercado cuando alguien se propone adelgazar. Mejor dicho, rectifico, cuando alguien se propone llevar una vida sana, adoptar unos hábitos alimenticios correctos que te aporten salud y bienestar y que te permitan recuperar el control de tu vida y tu poder personal. Adelgazar será un efecto secundario de todo eso. Pero seguramente que ya has descubierto que fijarte un número al que llegar en cuestión de kilos, no suele ser de lo más motivador.

Al menos, no lo fue para mí. Y mucho menos sin tener idea de todo lo hay tras unos kilos de más.

¿Eres de los/as que creen que tu exceso de peso sólo tiene que ver con lo que comes? Pues lamento decirte que no es así. Puedes matarte de hambre y engordar. ¡Que sí, que sí! Que a mí me ha pasado… Porque el cuerpo es sabio y está preparado para sobrevivir en las circunstancias más duras, y las dietas atentan contra uno de los miedos primarios de nuestro cerebro reptiliano que es el que controla estos temas. Otro día, si quieres, te hablo de eso…

Por suerte para ti (y para mí, que tengo el libro desde hace poquito) Mentxu DaVinci ha escrito un libro (un manual teórico práctico) para liberarte de la tiranía de las dietas.

Pero te aviso desde ya que esto no tiene nada que ver con lo que hayas intentado antes. Esto es un ataque a todos los frentes que mantienes abiertos y que te separan del cuerpo que siempre has querido tener y que nunca has conseguido.

Pero que puedes conseguir. No estás gordo/a, rellenito/a, (y cualquier sinónimo que se te ocurra) porque seas una persona débil o porque no tengas fuerza de voluntad o por genética o por cualquier otra tontería (o excusa) que te puedas haber dado para justificar tus anteriores fracasos.

Lo que te aleja de un cuerpo con el peso correcto (que no el ideal que te han hecho creer las manipuladas revistas de modelos con cuerpos imposibles) es no tener la estrategia adecuada y Mentxu DaVinci, la tiene. Y quiere compartirla contigo.

Ha pasado por lo que tú has pasado. Ha probado todas las dietas habidas y por haber. Y ha maltratado a su cuerpo tanto como tú lo puedes haber hecho. Por eso sabe de lo que habla.

Y por eso te dice que si ella lo ha conseguido, tú también puedes.

Es cuestión de saber qué pasos dar. Saber con lo que te vas a encontrar y estar preparado para ello.

Y de quererte. De quererte mucho. De saber que este nuevo intento es el definitivo pero que no va a ser tan fácil como matarte de hambre durante un mes contando calorías para en una semana, haber recuperado el mismo peso y algún que otro kilito de regalo.

Este libro es por si quieres hacer un intento serio y sensato de rescatar el cuerpo que te mereces.

Y mantenerlo de por vida.

Sin contar calorías. Sin que comer sea un aburrimiento mortal que te hace abandonar la dieta en cuanto algo suculento entra en tu radio de acción.

Este libro te propone la aventura de conocerte. De saber qué hábitos te han llevado a tener el cuerpo que no quieres y cuáles deberás adoptar para conseguir el que sí quieres. Tan sencillo (o tan complicado) como eso.

En este libro encontrarás estrategias para superar los miedos que te llevan a asaltar la nevera o la caja de galletas.

Lo ha escrito alguien que estuvo antes en las mismas trincheras dietéticas que tú. Te conoce. Por eso te puede ayudar.

Así que si estás pensando en empezar una nueva dieta una vez pasadas las fiestas navideñas, te lo repito. ¡Olvídalo y cómprate el libro de Mentxu DaVinci! O ponte en contacto con ella para que diseñe un plan específico para ti. O apúntate a alguno de los cursillos que propone, donde te sentirás apoyado por personas que estén pasando por lo mismo que tú.

Ahora sí. Este es el primer paso (correcto) para tener el cuerpo que siempre quisiste y que te mereces.

Nunca fue cuestión de abrir la nevera, sino el corazón.

¿Te atreves?

No tienes nada que perder… Bueno, sí… Todo lo que te sobra…

El camino hacia la Armonía Corporal

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A MIS SOBRIN@S, EN EL DÍA INTERNACIONAL DEL NIÑO

Escalera de sobrin@s

Esta mañana, mientras llevaba a mi sobrina Natalia al colegio escuché en la radio que hoy es el día Internacional del Niño.

Al comentárselo a ella, me ha preguntado: ¿Y eso qué quiere decir?

La verdad es que no he sabido muy bien qué contestarle.

Tiene nueve años y la arenga política que me ha venido a la cabeza no habría tenido mucho sentido para ella. Así que he salido lo más airosamente del aprieto que he podido y ella parece que ha quedado conforme.

No sé si habrá otros niños que noten alguna diferencia en este día. Seguro que los miles que mueren de hambre y de otras enfermedades que se podrían curar si no fuese por la avaricia y la falta de corazón de unos pocos, no van a notar ninguna.

Tampoco los que en este día “especial” seguirán cosiendo zapatillas y prendas de moda en condiciones insalubres y sin salario para que nosotros podamos ir bien guapos y a la moda.

Ni los que en estos momentos están siendo vendidos como objetos sexuales para satisfacer los deseos de los enfermos que son capaces de hacerle algo así a un niño.

Por suerte, todo eso les queda muy lejos a mis sobrinos.

De tanto en tanto, alguna imagen les asalta por televisión (sobre todo en estas fechas en las que apelan a nuestro buen corazón aprovechando el inminente espíritu navideño, como si a la mayoría esos temas no nos preocupasen todo el año…) pero aún no consiguen permear la capa de inocencia que los protege, sobre todo a los más pequeños.

Doy gracias al destino que los ha puesto en esta parte del mundo. Y también, por haberlos puesto a mi lado.

Aprendo mucho de ellos. Y me permiten recuperar a mi niña interior, ésa gran olvidada.

Hay un conocido refrán que dice que el Diablo le da sobrinos a quién Dios no le dio hijos.

Pues si es cierto, a mí el Diablo me ha compensado con creces.

Tengo al rebelde de Adrián, capaz de sacar de quicio a su madre en menos de tres segundos y poner al descubierto lo miserables que aún somos, cuando criticamos la conducta de un niño sin tener el valor de reconocer que lo que él hace, no es más que un reflejo de lo que aún no está sanado en nuestro interior y que precisamente por eso nos altera tanto. Todo un maestro.

Tengo a la estudiosa Ainhoa. El vivo retrato de lo que hubiese sido una hija mía y que está consiguiendo lo que yo no conseguí. Te sigo de cerca, Ainhoa, no sólo porque me robaste el corazón desde el primer momento que te vi, sino porque te tomo de ejemplo a la hora de aprender cómo volver a ser todo lo mejor que puedo llegar a ser.

También tengo al hermoso Iván (hermano pequeño de Adrián), un chico sano y deportista que ha tenido la suerte de tener cuatro primas, quizá para compensar las aristas de un hermano al que a pesar de todo, sé que quiere. Eso demuestra tu nobleza, Iván. Y tu fortaleza.

Le llega el turno a la preciosa María. Una belleza pizpireta con carita de duende que romperá muchos corazones de aquí a unos pocos años. Ya desde pequeña sabe combinar la ropa como nadie y no admite discusiones en eso. Y no os lo perdáis, tiene ya, a su corta edad, una pericia increíble a la hora de hacerse el trazo del “eyeliner”. Me muero de ternura cada vez que la veo jugando a ser una mujercita. En contrapartida, no le vendría nada mal dejar de lloriquear cada vez que no consigue lo que quiere y ser un poquito más resolutiva (cosa que podría aprender de su hermana mayor Ainhoa) pero bueno, nadie es perfecto…

Natalia es la deportista femenina de la familia. Le envidio eso. Iría corriendo (si la dejasen) a todos sitios. Es una Aries valiente que no parece temerle a nada y eso desde luego, no lo ha aprendido de la familia. Tiene una sonrisa que me roba el corazón y es un honor para mí poder estar echándole una mano a su madre en lo que a su cuidado se refiere.

Y finalizo con la “benjamina” de la familia, Judith. Tiene cinco años recién cumplidos pero dirías que tiene mucho más. Comparte con su prima María su afición a combinar bien la ropa y ya se permite criticar los modelitos de su madre (jijijijiji) y no se calla ni debajo del agua. Bueno, tal vez en el colegio, lugar al que nunca quiere ir porque como no se cansa de decir: ¡se aburre! Yo la comprendo perfectamente e intento complementar en todo lo que puedo, las evidentes carencias del sistema educativo actual, pero bueno, de momento es lo que hay y tendrá que llevarlo lo mejor que pueda.

Estos son mis seis tesoros. Muchas veces me quejo de mi vida actual. Sin trabajo, sin dinero, sin casa propia, sin pareja… Supongo que ellos han llegado para compensar.

Me siento el ser más poderoso del planeta cuando mi sobrina Judith me da la mano o se esconde detrás de mí, como si eso fuese suficiente para parar cualquier mal que la acuciase.

Me siento sabia entre las sabias cuando mi sobrina Natalia me pregunta alguna cosa sobre sus deberes y tras decírselo me mira como si fuese un oráculo poseedor de todas las respuestas.

Me siento el SER más querido del planeta cuando mi sobrino Adrián (que ya me sobrepasa en altura) me da uno de esos abrazos que me recomponen todos los huesos y el corazón.

O cuando mi sobrino Iván me da uno de sus besos y me dice que me quiere. Espero que no pierda esa capacidad de expresar amor con la edad.

El mismo orgullo que su madre siento cuando mi sobrina Ainhoa comparte sus méritos escolares o cuando la oigo hablar con esa madurez y esa confianza que sólo adquieren las personas que saben que son escuchadas y que sus opiniones van a ser tenidas en cuenta aunque “no sean más que niños”.

Y me muero de ternura cuando oigo la vocecilla de María o cuando recuerdo alguna de las veces en las que la he visto maquillándose (de mentirijillas) y girando su preciosa carita, me preguntaba: ¿Estoy guapa?

Podría pasar horas escribiendo sobre vosotros, mis amad@s sobrin@s. Pero espero que hayan sido suficientes estas letras para reafirmaros el amor que os tengo.

Puede que ahora esto no tenga mucho valor para vosotros. Pero da igual.

Lo valioso para mí es que puedo escribirlo.

Es que estáis en mi vida y la hacéis mejor.

Espero que en este día internacional del niño, haya muchos padres, madres, tíos, tías, abuelos, abuelas, etc… valorando la suerte que tienen al tener a un niño cerca.

Y recordando, que cada uno de nosotros tendrá siempre un niño interior esperando ser escuchado y rescatado.

Y para ello, nada mejor que mirar atentamente a los niños que tenemos a nuestro alrededor.

Son nuestros maestros.

Ellos perpetúan nuestro legado.

Estemos atentos. Hoy y siempre.

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HARTA

Estoy harta de escuchar,

en el amor, a los falsos profetas.

Esos, que inflamados de pasión,

sólo quieren tocarme las tetas.

Harta de escuchar a los que aseguran,

que se puede querer sólo de vez en cuando,

algo difícil de aceptar,

para quien pretende vivir amando.

No confío en que me entiendas,

ni tampoco quiero que cambies,

pero a estas alturas de la contienda,

entenderás que no quiera engañarme.

Yo ya tengo mi modo de amar,

con mis virtudes y mis manías.

El único problema entre tú y yo,

es que no hay término medio que nos sirva.

Así que te deseo lo mejor.

que encuentres un amor,

que a tu amor se amolde.

Yo he de ser fiel a un corazón,

donde ya no está inscrito tu nombre.

© Lola Ruiz

Girona, 5-11-2014

Estoy harta

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TÚ ELIGES

Tú eliges

Sí, tú eliges. Así de sencillo. Por mucho que te fastidie.

Puedo oír a tu ego protestar y decir… ¿Cómooooo? ¿Que yo elijo?

¿Cómo voy a haber elegido yo esta mier… de vida?

¿Cómo voy a haber elegido yo este horrible trabajo donde mis compañeros me amargan la vida… cobro poco… el jefe me putea… etc… etc…?

¿Cómo voy a haber elegido yo esta relación desastrosa donde no obtengo lo que deseo?

¿Cómo voy a haber elegido yo esta vida de pobreza y privaciones donde el dinero desaparece casi antes de llegar?

Sí, todo lo que tú quieras. Pero tú lo has elegido.

Porque si no… ¿Quién?

¿Quién está viviendo tu vida?

¿Acaso crees que hay una conspiración planetaria contra ti? ¿Un Dios terrible que te ha señalado con su dedo justiciero y que te está castigando por ser mala persona? ¿Qué te ha mirado un tuerto?

Incluso así, tú eliges.

Eliges creer en eso.

Incluso aunque fuese cierto que hay cosas que tú no puedes controlar, puedes elegir cómo te sientes ante eso que te pasa.

Así que no hay escapatoria posible. Tú eliges.

¿No querías libre albedrío? ¡Úsalo!

No hay nadie que pueda hacerte lo que tú no te dejas hacer. No hay nada que pueda hacerte sentir como tú no te quieras sentir.

Sí, es jodido reconocerlo. Veo a tu personaje victimista tirándose de los pelos.

Pero, insisto, tú eliges.

Así que… ¿Qué vas a elegir.

¿AMOR O MIEDO?

La elección es tuya, en serio.

Puede parecerte terrible o maravilloso. Eso también lo eliges tú.

Una última vez: TÚ ELIGES. Siempre.

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EL SILBIDO DEL AFILADOR

AFILADOR 1930

Hoy me sacó de mi meditación diaria el silbido del afilador. Inmediatamente, mi mente se trasladó al recuerdo de un hombre delgado y quemado por el sol, con un sombrero de paja deshilachado y una vieja motocicleta a la que se le había adaptado una gran rueda de afilar.

Recordé cómo al sonido del afilador un sinfín de niños (en aquellos tiempos no teníamos tantas cosas para entretenernos), acudían a su reclamo como si de un Flautista de Hamelín se tratara.

No sé qué buscaban los demás niños pero yo acudía por los fuegos artificiales. O así los llamaba yo.

Los “fuegos artificiales” eran las chispas que se producían cuando las hojas de los cuchillos eran presionadas contra la rueda de afilar.

En aquel momento, se producía una gran cascada dorada de fuego que a mí me hipnotizaba.

Recuerdo que alguna vez mi madre tenía cuchillos para afilar y yo siempre me quedaba la última para poder ver el máximo de veces posibles, aquella cascada de chispas doradas. En aquellos tiempos en los que aún no conocía las leyes de la física, aquello era mágico. Y el afilador un mago que podía hacer fuego frotando mis normalmente aburridos cuchillos contra aquella piedra.

Hoy no había magia. El típico silbido del afilador no provenía de una roñosa armónica tocada con destreza por los labios cuarteados del viejo “mago”, sino de una grabación que surgía a través de un moderno altavoz insertado en una más moderna furgoneta aún.

No había niños acudiendo al reclamo del silbido. Ni siquiera estoy segura de que existan cuchillos suficientemente buenos para que puedan ser afilados. No, desde luego, los míos de Ikea que no resistirían un roce contra la piedra afiladora.

El tiempo pasa. Los tiempos cambian. Los viejos afiladores han desaparecido junto a la niña que iba buscando al mago de la cascada de chispas doradas.

Ni siquiera sé que impulso me llevó a escribir estas líneas.

Tal vez un homenaje a un pasado en el que aún creía en la magia.

Tal vez un intento de conjurarla para que vuelva a mi vida.

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