Escritos propios

La casa de los naufragios

 

La casa de los naufragios

 

Pareciera que en esta casa convergen todos los corazones náufragos.

Todos los que se estrellaron contra las rocas de la vida, engañados por sus propios cantos de sirena.

Los desheredados del sistema.

Acudimos al calor de un plato de comida para el alma, aún sabiendo que nuestro benefactor, arranca jirones de la suya para alimentarnos.

Pero todos los que tienen el corazón muerto de hambre son egoístas.

A un espíritu vacío le sobra toda moralidad y filosofía.

Así, que convertidos en mendigos de nuestro propio reino, empeñamos nuestra corona para dormir bajo techo.

No hay orgullo que valga cuando te has puesto precio.

No hay sentencia más justa que la que otorga el tiempo.

Y a la casa de los naufragios nunca entran los soberbios.

 

 

 

 

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Escritos propios

Petición

 

Abraza a mi guerrera

 

Mírame. Tal vez no me reconozcas sin armadura. Tal vez te asusten mis cicatrices, pero por favor, no apartes la mirada.

Esta es la primera vez que me muestro desarmada y vulnerable ante alguien. Llego a ti casi abatida, casi sin fuerzas pero llena de esperanza.

Necesito que alguien me vea y quiera quedarse. Y que me acepte a pesar de mis imperfecciones.

Estoy tan harta de querer encajar… De creer que debo pagar un precio por todo… De que no merezco nada bueno.

Estoy tan cansada de arrastrar la culpa por lo que otros consideraron errores…

De no poder Ser en este baile de máscaras.

Ofréceme un lugar seguro. Es todo lo que pido. Un lugar que ni yo misma pueda derribar.

Acércate y besa mis cicatrices. Mientras lo haces, te iré contando todas las batallas que gané hasta llegar a tu lado.

Abrázame.

Y no me dejes seguir hablando…

Escritos propios

MORIR UN POCO MÁS…

 

MORIR UN POCO

No temas. Esta vez no voy a pedirte perdón. No voy a ponerte en la difícil tesitura de la última vez en la que por lo visto, me perdonaste sin querer hacerlo.

No, esta vez no voy a pedirte perdón. De hecho, estoy perdiendo esa mala costumbre.

Esta vez voy a darte las gracias.

Gracias por hacerme ver un poco más las consecuencias de vivir con tanto miedo.

En lo que podría llegar a convertirme si dejo que la culpabilidad y los remordimientos dominen mis pensamientos.

Gracias por hacerme ver el precio que se paga por no ser tú misma.

Gracias. Gracias por hacerme la raya y estar muerta para ti.

Eso significa que una parte de mí (la rabiosa, la miedosa, la culpable, la loca, la intolerante, la susceptible, la controladora, la de “por mis cojones”) ha muerto un poco más.

Y ha dejado un poco más de espacio para la lucidez.

Esa lucidez me permite entender aún mejor a ciertas personas que lidiaron contigo (tú ya sabes a quién me refiero) y que siempre tuvieron las de perder.

Por lo visto, se te da tan bien manipular como a mí. Otra faceta que espero que también haya muerto un poco más en mí.

Así que gracias, de verdad.

Puedes irte en paz.

Sin rencores.

Ah… Y no sé a qué te refieres cuando dices que no creías que yo pudiese ser “así”.

Pero déjame decirte algo. Si por “así” te referías a que soy una persona que no  baja la cabeza ante nadie. Que no permite que la desprecien. Que no se asusta ante la injusticia… Pues sí… Esa es la nueva yo.

Y no me importa que compartas mi sangre. Hace mucho tiempo que eso ni me impresiona ni marca diferencia alguna.

Mi respeto hay que ganárselo.

Mi amor, lo regalo.

Y eso no podrás matarlo nunca.

Así que gracias de nuevo.

Lo que has matado nunca fue importante para mí.

En cambio lo que Soy, sí.

Así que te despido con todo mi amor y deseándote lo mejor.

Y déjame decirte una última cosa… Me sorprende que me digas que no sabías que podía ser “así” … porque soy TÚ.

 

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FELIZ DÍA, PAPÁ

Foto papa de joven

La vida sigue. Y nuevamente, se repite esta fecha en el calendario. 19 de Marzo, día del padre. Pero este año, tú ya no estás entre nosotros. Nuestro primer día del padre sin ti.

Elijo esta foto para honrarte en este día porque me encanta la expresión de tu cara.

Me pregunto en qué estarías pensando. ¿En mamá? ¿En lo que faltaba para volver a verla y darle todos esos besos que le prometías en esas postales llenas de amor y planes futuros?

Agradezco que en la familia haya aficionados a la fotografía porque a través de esos instantes congelados en el tiempo, voy reconstruyendo tu vida y conociéndote un poco más.

Es curioso, pero no te recuerdo de joven.

Miro fotos en las que aparecemos juntos y no lo recuerdo.

Supongo que en mi afán de borrar los malos momentos, olvidé todo lo demás.

Esta foto es la de un desconocido para mí. De un tiempo anterior a mi existencia.

En un tiempo en el que quiero creer que eras feliz.

Quiero imaginarte sin preocupaciones, sin las cargas del futuro que llegaría después.

Bromeando con tus amigos, mientras hacías la mili a bordo del barco Juan Salvador Elcano. Pongo el nombre para que veas que lo recuerdo, que alguna que otra vez en las que explicabas tus batallitas, sí estaba escuchando.

Mamá te recuerda, de joven, siempre acompañado de tu hermano Nicolás, de Rafael (el que luego se convertiría en mi tío, al casarse con tu hermana, Consuelo) y tu amigo Toni.

Debíais ser un cuarteto fabuloso.

Jóvenes, guapos y con toda la vida por delante.

Así quiero recordarte.

Si la vida que luego elegiste vivir fue justa o no, es algo que yo ya no quiero juzgar.

En esa vida, me elegiste como hija y te doy las gracias por ello.

Y lo digo de verdad, padre, no es una frase hecha aunque te pueda costar de entender dada nuestra historia compartida.

Pero eso ahora ya no importa.

Ahora sólo importa que nos escogimos.

Y que a nuestra manera, nos amamos.

Feliz día, padre.

Te amo.

Escritos propios

MIRA LO QUE ME HE HECHO…

 

 
Te extraño

 

Mira lo que he permitido que me hagas. A fuerza de perseguirte y ser rechazada. Después de tantos intentos porque me valoraras y de no conseguirlo he perdido la fe en mí.

Ahora creo que soy un ser miserable indigno de amor. He creído que tus preferencias eran ley y que jamás encontraré a alguien que me ame.

Sé que no tienes la culpa. Nadie la tiene. Este es uno de esos casos en los que alguien se empeña en sufrir gratuitamente.

Me gustaría quitarme esta mala costumbre de amar a quién no me ama.

Es cierto que el amor nos pertenece. Que el amor es lo que somos. Pero sería bonito ser correspondida por una puta vez en la vida.

Que se rompiese esa maldición que parece condenarme a amar a quien no me ama y no poder amar a los que sí lo hacen.

Y esto ya no es propio de alguien de mi edad.

En este sentido, parece que me haya quedado atrapada en la mente de una adolescente dramática que anda llorando por los rincones porque el chico de turno no le hace ni caso.

Lo bueno de todo esto es que cuando lo veo escrito, me suena tan ridículo que puedo empezar a reírme de ello.

Incluso acude la chulería que asegura que tú te lo pierdes, que yo me merezco a cincuenta mil tíos mejores que tú.

Pero me conformaría con uno.

Con una última vez para poder hacerlo bien.

Para amar con conocimiento de causa.

Sin perderme en el otro o creer que no puedo ser feliz si no lo tengo a mi lado.

Para poder usar todos esos sentimientos que están a la espera.

Para volver a rozar mi cuerpo con otra piel que le dé la bienvenida.

Y sentir de nuevo esos abrazos después de hacer el amor. Ese lugar cálido y acogedor que demuestra que no sólo fue sexo pasional. Que te quieren seguir tocando, besando… porque sí, porque el caudal del amor verdadero no se seca cuando se separan los sexos.

Echo de menos eso.

Sé que suena cursi. Incluso dependiente. Pero me importa bien poco.

Es lo que hay.

Y sí, tú te lo pierdes.

Y yo también.

 

Lola Ruiz Orozco

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Escritos propios

Delete

Delete

 

Acabo de borrar todos mis escritos tristes.

Todos esos que hablaban de ti y de lo mucho que te echo de menos.

También los que hablaban de la falta de amor hacia mí, hacia mi cuerpo y básicamente, de mi vida en general.

Porque se acabó.

Ésa ya no soy yo.

Se acabó el añorarte. Se acabó la queja.

Ya soy capaz de no querer estar con quien no quiere estar conmigo.

Ojalá fuese tan fácil borrar los sentimientos como borrar esos escritos.

Pero todo ayuda.

Porque esa ya no soy yo.

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PRESENTE

 

Vivir el presente

 

Iba a escribir otra triste retahíla de quejas. Cuando abrí los ojos esta mañana y me sentí inundada de tristeza, pensé en venir aquí y volcarla. Eso se me da bien. Y seguro que algunas personas hubiesen compartido mi sentir.

Pero estoy harta de estar triste. Y de que si lo estoy, regodearme en ello.

He titulado este escrito “Presente” porque viendo un vídeo de Fidel Delgado (¡qué genio este hombre, qué manera de decir las cosas serias con humor!) me he dado cuenta de que no me gusta mi vida y de que estoy haciendo todo lo posible por no estar presente en ella.

Hasta ahora me las he ingeniado para ir consiguiéndolo. Siempre tenía algo “en un futuro” por lo que parecía que valía la pena vivir.

Casi todo el tiempo ese “algo” ha sido la posibilidad de conocer a alguien y poder recuperar junto a él la alegría por la vida y ser felices los dos juntitos y comer perdices y todo lo que se ponga por delante, naninaninoná… (interprétese como musiquita cursi de violines)

Otras veces, en esos momentos en los que la cordura me recuerda que nada ni nadie debe ni tiene por qué hacerse cargo de mi felicidad, cambio el objetivo de mi futura felicidad a una mejor cuenta corriente que me permita hacer todo lo que no puedo hacer ahora. Entiéndase como viajar, tener un “colchoncito” para futuros imprevistos, poder comprar sin tener que mirar el precio de las cosas… En fin, esas cosillas propias de cualquier mortal que haya caído en la trampa de creer que la felicidad tiene algo que ver con el dinero.

Otro factor al que acuso de mi infelicidad es mi aspecto físico. Desde que tengo uso de razón, he querido un cuerpo diferente al que tengo. Creía que con un mejor físico tendía más posibilidades de encontrar al hombre anteriormente mencionado y de hacer un montón de cosas que con este cuerpo al que le sobran tetas y le falta culo, no puedo hacer.

Pero eso sí. El cambio debe de darse milagrosamente porque ni loca me apunto yo a un gimnasio y de hecho, me muevo lo imprescindible para que no parezca que estoy muerta, así que ponerme a sudar y a hacer esfuerzos sobrehumanos para modelar este indeseable cuerpo, queda fuera de toda opción.

Y para la cirugía estética no me da la economía, así que a joderse.

Y lo de la economía va ligado a mi trabajo. Otra faceta en la cual, de momento, siento que he fracasado estrepitosamente porque casi a mis cincuenta años aún no sé lo que quiero ser de mayor y voy de trabajo en trabajo a la espera de ver algún día la luz y encontrar mi vocación o mi misión en esta vida.

Así que claro… Yo tengo todo el derecho a estar triste y a no querer estar presente en mi vida. ¡Pobrecita de mí! Que mala suerte tengo y hay que ver que con lo que yo valgo, lo mal que me ha ido en esta vida, bla…bla…bla…

Lo jodido es que el papel de víctima que tantas alegrías me ha dado en el pasado, ya no me gusta. No quiero que me vida siga siendo lo que acabo de escribir.

Quiero estar presente en mi vida y que no me dé miedo lo que veo.

Y que me dé igual si no hay pareja, si no hay dinero, si no estoy realizando el trabajo de mi vida (sea cual sea), si no vivo donde quisiera vivir y si mi cuerpo no es el ideal.

Que la vida valga la pena (aunque no me gusta mucho esta expresión, paso ya de penas…) por el simple hecho de estar viva.

Que algo más real que todas esas causas exteriores, sea el motor de mi existencia.

Que todo sea más sencillo.

Que sea suficiente con Ser.

Y que vuelva la alegría a mi vida.

Hay muchos presentes (regalos) en esta vida por los que vale la pena estar presentes.

Incluso esta tristeza que tal vez sólo se hace presente para que deje de mirar a otro lado.

Tal vez me he acostumbrado tanto a ella, que la ignoro por sistema.

Voy a estar un ratito con ella. Tal vez tenga algo importante que decirme…

Tal vez sea el presente de este día.

Al fin y al cabo, las nubes de la tristeza no pueden hacer desaparecer la Luz que somos. Tan sólo esconderla momentáneamente.

Tal vez la tristeza no sea más que la última trampa del ego.

El último espejismo que superar antes de llegar al Oasis de lo que Somos.

Mi último miedo a superar.

Tal vez la renuncia a mi personaje triste (y todo el sufrimiento que con él conlleva) sea el nuevo paso que he de dar para acceder a una realidad a la que este personaje no puedo llevarme.

Puede que haya llegado el momento de agradecerle sus servicios y dejarlo marchar en paz.

Porque sé que no soy tristeza.

Y no quiero seguir alimentando esa parte de mí que disfruta (cual cerdo en un lodazal) revolcándose en su mierda y en su miseria.

Hubo un tiempo que eso fue necesario. O yo lo creí así.

Diseccioné mi mierda una y otra vez para darle sentido a mi existencia. Me creí la milonga de que el sufrimiento era necesario para “pulirme”, para hacerme mejor persona.

Y sí, como escribía hace poco mi “persona”, mis máscaras, se han pulido tanto que he corrido el riesgo de enamorarme de algunas de ellas.

Por eso no me gusta mi presente. Porque sólo he pulido la superficie.

Creyendo que si iba “más adentro” no habría nada que valiese la pena mostrar.

Sólo ahora empiezo a ver la verdadera causa de mi tristeza. El por qué de mi cansancio vital. Es muy cansado pasarte el día puliendo máscaras.

Intentar dar la mejor versión de ti mismo (que es lo mismo que dar la mejor versión del mejor personaje que te hayas creído ser)

Creo que la tristeza sólo esconde el mayor miedo que siempre he tenido.

Que mire dentro y no haya nada.

Pero tendré que correr el riesgo porque lo que he estado haciendo hasta ahora, ya queda dolorosamente claro que no funciona.

Ha llegado el momento de estar presente.

Y apechugar con lo que venga.

Seguiremos informando…